En esta semana queremos hacer nuestro pequeño homenaje a esta gran película…
? Chaplin se inspiró en la crudeza de su infancia y en la muerte de su hijo, que nació prematuro.
? La película plasmó mucho de sí mismo y a se incluyeron muchos efectos especiales novedosos para la época.
? La película trata de: una mujer de escasos recursos (Edna Purviance), se queda embarazada siendo soltera, y al sentirse abandonada por el padre de su hijo, decide abandonar al bebé, con la esperanza de que una familia rica lo coja en adopción. Pero el pequeño terminará en manos de un vagabundo (Charles Chaplin), quien pronto se encariñará con él y decidirá sacarlo adelante como sea. Cuando el niño, llamado ahora John (Jackie Coogan) cumple los cinco años, la lucha por la supervivencia y por permanecer juntos será toda una aventura. Sin lugar a dudas una película que marcó un antes y un después en la época.
Pupitrerossssss os traemos otra peli que debe de ser un IMPRESCINDIBLE: “ESPECIALES”.
Esta película trata de dos amigos que durante veinte años han trabajado junto a niños y adolescentes con con Trastorno del Espectro Autista (TEA). Lo demás es mejor que lo veáis vosotros mismos…
Hoy queremos recomendaros una película en que te hará ver la DIS- CAPACIDAD en la CAPACIDAD extraordinaria de ser capaz.
CAMPEONES, la película que nos dejó a todos pegados a la butaca y no los dejó indiferentes, hoy queremos recordarla y que los que todavía no la hayan visto no dejen de hacerlos.
Trata de un entrenador de baloncesto profesional, tendrá la obligación de entrenar a un equipo compuesto por personas con discapacidad funcional intelectual. Lo que comenzará como un reto difícil se acabará convirtiendo en toda lección de vida.
Actuemos, por el instante que dura este primer párrafo, como hacen los cineastas antes de rodar. Pero con toda la libertad que da el hecho de que sea éste un acto creativo imaginado. Podría ser una secuencia interior o exterior, de día o de noche. Sólo sabemos que tiene lugar en un aula y que nuestra tarea consiste en colocar a un profesor y sus alumnos en el espacio y el tiempo, sin que todavía importen las condiciones psicológicas. Es decir, no sabemos si el profesor acudirá en forma o somnoliento, impecable o desaliñado; si en general el alumnado es atento o distraído, pasivo o participativo. De momento, afrontamos la situación dramática: el maestro se dirige a los estudiantes, intenta transmitir una información relevante, un saber. Algo que en términos de lenguaje cinematográfico se suele resolver con un plano-contraplano. Pero podríamos resolverlo de otro modo, las posibilidades visuales son infinitas. Detallo una de mis secuencias de aula favoritas…
1974. The Gambler. Dirige Karel Reisz, cineasta británico que tiene la particularidad de ser autor de uno de los primeros manuales de montaje cinematográfico. Situación: interior de una clase de literatura, primera hora de una mañana luminosa. Los asientos parecen butacas y la lección impartida es tan brillante que podría formar parte de un espectáculo. El profesor a veces está de pie, otras apoya su trasero en la mesa. Su postura nunca es autoritaria, al contrario, acorta su distancia. De vez en cuando deja inconclusa una frase animando a que la culmine el alumno, les brinda huecos que deben rellenar. Escuchamos: “Cuando Dostoievski nos dice que odia el hecho de que dos y dos sean cuatro y que se reserva su derecho sagrado de mantener que dos y dos son cinco, ¿qué nos dice?”. La pregunta asalta al espectador. Y sigue: “Cualquier idiota puede demostrar que dos y dos son cuatro”. En cuanto el profesor introduce la duda, el pensamiento y la imaginación del alumno se activan. El cine también noquea al espectador cada vez que se salta una ley sagrada, cuando nos recuerda que no hay ninguna certeza. Valiéndose de imágenes, muestra que el mundo transciende lo visible, no puede ser cierto que sólo exista aquello que podemos ver. Y Reisz, al cuestionar un principio básico de la aritmética, halla de golpe una conexión secreta entre la docencia y el cine.
Es curioso que usemos el cine en las aulas como herramienta para transmitir un saber. Sobre todo cuando un buen cineasta suele afirmar que su trabajo consiste en estimular dudas no en despejarlas. Federico Fellini decía: “Si diese una respuesta en una película, ¿qué haría después?”. Pero tomemos un caso concreto: la obra documental de Michael Moore. Toda ella gira en torno a una cuestión absurda: ¿Cómo es posible que más de medio mundo siga mirándose en el espejo de Norteamérica? Podemos entender la fascinación que despiertan su sentido del espectáculo, sus enormes fiestas, las alfombras rojas o ese talento innato para vender y crear historias, pero detrás de todo ese brillo cualquiera sabe que hay una sociedad infestada de racismo, injusticia y diferencias de clase. En ¿Qué invadimos ahora? (2015), Moore nos anima a huir de su modelo de educación. El sistema docente norteamericano parece diseñado exclusivamente para que el alumno pueda afrontar un futuro marcado por una competitividad ilógica y agresiva. Sin embargo, al salir de este continente…
Michael Moore descubre que el alumno mejor preparado del mundo no tiene deberes, que este es sólo un concepto obsoleto que interrumpe el horario de juegos y la convivencia familiar. Averigua que las mejores escuelas, en realidad, imparten pocas horas a la semana. Que algunas universidades prestigiosas son gratuitas. Que los sistemas educativos con mejores resultados no desestiman asignaturas como filosofía, dibujo, poesía. Algunos países incorporan en sus programas de estudio distintas facetas esenciales de la vida: se educa en el goce sexual o se inculca la importancia que tiene una dieta alimenticia sana y equilibrada. El alumno aprende a abrirse al mundo, sin ningún temor. En los paraísos escolares, te consideran persona. Te enseñan a ser libre y feliz, a vivir antes que competir. No estás obligado, por ejemplo, a pedir permiso en clase cada vez que sientes necesidad de ir al lavabo. La mirada de Moore recupera en este viaje la vivacidad de un niño, no sin perder de vista el continente abandonado.
Moore, no puede eludir su origen e intercala algún que otro pasaje atroz de la sociedad norteamericana, como el de un hombre inocente, por supuesto de color, que recupera su libertad tras 42 años de prisión. Pero esta combinación explosiva que teje, donde hay una conciencia tanto del cielo como del infierno, no es nueva para el cine.
Un antecedente muy olvidado sería un film de episodios llamado Stimulantia (1967), en el que Ingmar Bergman, junto a otros cineastas suecos, es invitado a abordar un film a partir de aquello que más le estimulaba. Su respuesta de entonces es contundente: “la mirada de mi hijo Daniel”. El maestro muestra entonces un montaje de películas caseras que persigue sus ojos en un periodo que va de los cero a dos años de vida. Hasta que sorprendentemente la proyección se interrumpe. El cineasta hace una pausa para anunciar que va a leer en off un fragmento de un guión escrito ese mismo verano que nunca rodará. Un texto que, particularmente, tiene mucho que ver con su pequeño, Daniel Sebastian. “No más palabras como prisionero, prisión, tortura, guardia, muros, recluso, distancia, vacío, miedo, espíritu. Palabras como sentencia, pena, perdón, culpable, culpa, deuda, vergüenza e infamia. Ningún suplicio, ni mártires ni santos. Ninguna confesión, pesadilla o recompensa. ¿De dónde viene la idea de un Dios justo y vengativo? ¿Ese grito de angustia de las plegarias, ese celo religioso o rabia ciega?”.
Medio siglo después de que Bergman incorporase a su visión pesimista la inocencia de su hijo, Moore también se pone positivo. Su documental invita a separar las hierbas y quedarse con las flores que nos brinda este mundo. Está muy bien hacer crítica o señalar que el horror está aquí. Pero, afortunadamente, el cine también nos recuerda que se siguen dando paraísos.
Daniel Gascó
Mary and Max es una película australiana de animación stop motion del 2009, escrita y dirigida por Adam Elliot. La película narra la larga amistad por correspondencia entre Mary Y Max.
Mary, tiene 8 años y una marca de nacimiento de color excremento en la frente, siendo ésta el centro todas las burlas por parte de sus compañeros de escuela, esto lleva a que se encierrre en sí misma y se sienta sola.
Las personas con quien Mary tiene relación son: su madre que es alcohólica, sus vecinos: Len y Damián, Len tiene agarofobia y Damián es tartamudo. Las peculiaridades que les unen se vuelven motivo de incomunicación.
Aquí es donde aparece Max, la necesidad de Mary por poder hablar con alguien…
Mary vive en Monte Waverley, Australia. Max en Nueva York, Estados Unidos. Comienzan a escribirse cartas… Y al igual que todos los elementos que conforman el film, Max también tiene su imperfección, y vive encerrado en ella y por ella. Max tiene Síndrome de Asperger.
No pierdas la oportunidad de ver este film y contarnos que te parece…
Hablemos de bullying en el cine. La agresión en la escuela es un tema que enfrenta especialmente al cineasta con su eterno problema: ¿Hasta dónde debo mostrar? ¿En qué momento se roza el voyeurismo insano y qué grado de prudencia podría dejar la denuncia inocua? Desde hace unos años, en las escuelas suele proyectarse por una cuestión de cercanía Cobardes (2008), pero hay otro film de Estonia que la complementa: Klass (2007). No recomendada para 13 años la primera, para 18 años la segunda, el alcance de esta última es mayor.
Para los directores José Corbacho y Juan Cruz, es importante conectar el acoso escolar con la familia. Encuentran que éste no es más que un reflejo. El líder de los agresores tiene un padre poderoso (Lluis Homar) que le ha inculcado, a su modo, la necesidad de someter antes de ser sometido. Lo interesante de Klass es que desaparezca esta lógica de causa-efecto, que la violencia mostrada sencillamente no tenga sentido, sea extrema y consentida por una mayoría. La sustenta un código de honor muy particular que consiste en el derecho de humillar con la tranquilidad de que luego no puedes ser delatado. Hay un sentimiento grupal que protege estas situaciones. Y, sobre todo, se da un miedo generalizado a resultar distinto, que te consideren escoria, un marginado.
Klass cuenta una historia real que trajo las peores consecuencias, mientras que la española deriva en un pequeño triunfo, esa media sonrisa de quien ha aprendido a defenderse. Lo que hermana a ambas películas no es la metodología sádica que se emplea, sino el silencio que provocan en la víctima. Cobardes abusa de la persecución como imagen de acoso, mientras que Klass contiene un catálogo de humillaciones físicas, psicológicas y morales. El cineasta estonio escoge sólo el ángulo del dolor, quiere que seamos testigos de cómo daña la mente y sintamos los efectos invisibles de quien lo padece.
El dilema del cineasta que apuntábamos, entonces, no es muy distinto al profesor que escoge. En el riesgo de cortar, de apenas mostrar de Cobardes, está el precio de que no entendamos la gravedad del problema.
Mientras que la contundencia de Klass logra que ningún espectador quiera ser ejecutor ni cómplice.